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Levante-EMV, 06/02/2012:

Alumnos de diseño apuestan por transformar los espacios en guarderías, bibliotecas o viviendas.

EUROPA PRESS VALENCIA 
Una biblioteca, una guardería o un centro de exposiciones son algunos de los servicios de carácter social que estudiantes de diseño han imaginado instalar en las antiguas naves Macosa de Valencia, en el entorno del futuro Parque Central, y que ahora se pueden contemplar en una exposición que permanecerá abierta del 9 al 29 de febrero en la sala de exposiciones del Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia.
Bajo el título Naves Macosa: espacios industriales rehabilitados, la selección exhibe algunos de los trabajos de fin de carrera realizados por estudiantes de la especialidad de Diseño de Interiores del Centro de Estudios Superiores de Arte y Diseño Barreira.
La muestra se debe entender, sobre todo, como “un homenaje y una puesta en valor del patrimonio histórico industrial de la ciudad de Valencia”, explicaron ayer fuentes del centro de estudios. “Las antiguas naves de Macosa, las naves de los talleres Devís, son historia de nuestra ciudad a recuperar. Una obra importante de un arquitecto también importante, Goerlich”, agregaron. La exposición recorre la historia de la naves y propone, especialmente, ideas sobre su futuros, desde centros expositivos, a bibliotecas, pasando por guarderías y viviendas.

http://www.levante-emv.com/valencia/2012/02/06/exposicion-muestra-reconvertir-naves-macosa-servicios-sociales/878953.html

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Levante-EMV, 22/01/2012:

Un proyecto financiado por la ministra de Cultura saliente edita mil barajas y recortables para difundir entre los niños el patrimonio amenazado por el plan municipal el barrio de pescadores.

RAFEL MONTANER
VALENCIA
 Un juego de recortables en papel de algunas de las fachadas más singulares del Cabanyal, que los niños pueden reinventar a partir de la estructura de bloques o manzanas de casas que conforman la trama urbana de este barrio marinero, y una baraja de cartas con imágenes de los edificios más emblemáticos del antiguo enclave de pescadores. Estas son las bazas con las que «Cabanyal Archivo Vivo» quiere difundir entre los escolares de 6 a 12 años el patrimonio arquitectónico y cultural amenazado por la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar que impulsa el Ayuntamiento de Valencia.

Este proyecto pedagógico para llevar a las aulas la resistencia ciudadana contra los planes urbanísticos municipales no está exento de polémica al estar sufragado por el anterior Ministerio de Cultura socialista en una de las últimas decisiones de la ministra Ángeles González-Sinde antes del traspaso de poderes. Cabe recordar que González-Sinde, al firmar en noviembre de 2009 la orden que declaraba expolio el plan del Cabanyal y paralizaba los derribos protagonizó una batalla política y judicial con el consistorio del Cap i Casal y la Generalitat que aún se dirime en el Tribunal Constitucional.

Así pues, «Cabanyal Archivo Vivo», el proyecto creado por la asociación cultural La Esfera Azul con el patrocinio del Ministerio de Cultura de la pasada legislatura, a través de su iniciativa «Aprendiendo del Cabanyal» acaba de editar un millar de lotes de la baraja y los recortables que ofrece de forma gratuita a colegios, profesores y Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (AMPA). «Queremos que los niños conozcan el patrimonio de la ciudad en la que viven, de ahí nuestra intención de ponerlo a dispoción no sólo de las escuelas del barrio, sino también a las del resto de Valencia y de fuera de ella», apunta Bia Santos, coordinadora del proyecto junto a Emilio Martínez.

Lotes para colegios
La doctora en Bellas Artes Silvia Molinero Domingo, la creadora de la baraja y el recortable del Cabanyal junto al estudio de arquitectura Mixuro, explica que todo este proyecto está a dispoción de aquellos que tengan interés en desarrollar los juegos dentro del aula. «Se ha preparado una bolsa por aula, que contiene siete hojas de las tres láminas del recortable —la base, el rectángulo de la manzana y las fachadas—, dos barajas y dos cajas para guardar las cartas», apunta.

«La propuesta es que en grupos de cuatro alumnos se pueda jugar, mientras se descubre el patrimonio del Cabanyal, pues sólo se ama aquello que se conoce», destaca Molinero.

Los lotes se pueden solicitar por correo electrónico (archivocabanyal@gmail.com) y se repartirán, añade, «hasta agotar existencias». En previsión de que la tirada se quede corta, «también se ha adaptado a tamaño A4, para el que lo desee, esté donde esté, pueda descargarlo de internet (www.cabanyalarchivovivo.es) imprimírselo y hacerlo en casa».

Cada partida de la Baraja del Cabanyal, prosigue Molinero, «representa una manera de aprender las características que definen las viviendas de este singular barrio». El objetivo de esta propuesta lúdica y educativ es, recalca, «pasar un buen rato fomentando el interés histórico de las casas del Cabanyal a la vez que se dan algunos datos de las principales construcciones, como por ejemplo el año de edificación, número de alturas, sus metros cuadrados o la distancia a la que se encuentran del mar».

La baraja consta de 32 cartas y la partida la gana quien consigue el mayor número de ellas. Para jugar hay que distribuirlas todas entre los jugadores, que las deben colorar en un montón boca abajo. El jugador que tiene la mano observará las características de su vivienda, escogiendo aquella que crea más oportuna y la dirá en voz alta. Quien tenga el valor mayor entre superficie construida o número de plantas, y el menor de año de construcción o distancia al mar, escogido por el «mano», será el ganador y cogerá las cartas de esa baza . El ganador será «mano» en la siguiente jugada.

La lonja, el as de la baraja
Molinero subraya como «muy sorprendente» el ver cómo muchos de los niños que ya están jugando con esta baraja «reconocen el teatro La Estrella y se alegran cuando les toca esa carta» y también «como, tras pocas partidas, saben que ganarán la baza cuando tengan la carta número 10 que corresponde a la vieja lonja de pescadores de la calle Eugenia Viñes, el edificio más antiguo del barrio ya que fue construido en1909».

El Recortable del Cabanyal, que retoma un proyecto de 2001 de Silvia y su hermano Javier, arquitecto de Mixuro, consta de tres láminas A3. El objetivo es invitar al alumnado a construir un modelo de manzana de casas típica de este enclave. Entre las sorpresas de la fase de pruebas está el ver como algunos niños, especialmente los más pequeños, pegan una fachada encima de la otra (foto de la derecha) reinventando un barrio de casas más altas con sabor a Cabanyal.

Molinero, concluye que el barrio «ofrece numerosas características singulares que a veces, por el mero hecho de tenerlas cerca, pasan desapercibidas». «Lo que hemos querido es, a través de la mirada curiosa de los niños, conocer y aprender del Cabanyal».

Esta manera de volver a mirar el Cabanyal para el que ya lo conoce o de conocerlo para el todavía no lo ha visitado, ha traspasado las fronteras valencianas, pues según avanza su creadora, un equipo de urbanistas se ha interesado por el proyecto para adaptarlo al barrio madrileño de Chamberí. «Entienden que es un ejemplo de hacer urbanismo desde las aulas y una forma interesante de acercar a los niños el barrio en el que viven».

Trabajo en el aula reinventando un barrio con tijeras y pegamentoTrabajo en el aula reinventando un barrio con tijeras y pegamento S. Molinero/Mixuro

http://www.levante-emv.com/valencia/2012/01/22/resistencia-cabanyal-recortable/874650.html

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Lavanguardia.com, 14/11/2011:

VALENCIA, 14 (EUROPA PRESS)

El portavoz de Esquerra Unida, Amadeu Sanchis, ha anunciado que ha presentado a la comisión de Urbanismo del ayuntamiento de Valencia del próximo lunes una serie de preguntas sobre el edificio de Bombas Gens, obra arquitectónica valenciana y calificada en diferentes ocasiones como una joya del patrimonio industrial de Valencia al haber introducido el Art Decó en la ciudad y sobre la cual ha denunciado su abandono.

Sanchis ha indicado que “en 2003, la Conselleria de Cultura propuso sin éxito la declaración de esta fábrica, obra del arquitecto Cayetano Borso di Carminati, como Bien de Relevancia Local, sin embargo, el equipo de gobierno del Ayuntamiento descartó la propuesta aduciendo que los planes urbanísticos previstos para el inmueble la hacían incompatible con la protección reclamada”, ha explicado el edil.

Actualmente, la fábrica, ubicada en el barrio de Marxalenes “y cuya degradación de su entorno también hemos denunciado en varias ocasiones, tiene un nivel mínimo de protección patrimonial y tampoco está incluido en el catálogo de Bienes de Relevancia Local”, ha indicado.

Asimismo, el edil ha recordado que el propietario de esta fábrica “presentó un proyecto hace unos años que contemplaba la construcción de tres edificios, un hotel de nueve plantas, uno de apartamentos turísticos de siete plantas, un aparcamiento de tres sótanos y un centro comercial, derruyendo la totalidad del edificio así como el chalet anexo, excepto las fachadas de Art Decó de”lanteras y traseras”.

No obstante, recuerda, “los técnicos municipales rechazaron esta propuesta, exigiendo que se mantuviera la estructura original y que se especificara cómo se restaurarían las fachadas protegidas teniendo que aportar memoria explicativa de la intervención de la trasera para posibilitar la construcción de los tres sótanos sin derruir la misma. También advertían que en el aparcamiento no se cumplían las condiciones de maniobrabilidad”.

Es decir, agrega, “que los técnicos pusieron muchas objeciones a este proyecto e incluso en un informe de fecha del 15 de julio de 2010 los técnicos apuntaban una docena de deficiencias”, ha comentado el concejal, quien ha añadido que el promotor “no respondió a los requerimientos y modificaciones que solicitaron los técnicos municipales en el tiempo preceptivo, por lo que la licencia está caducada”.

Mientras tanto, durante más de 25 años, “la fábrica ha padecido todo tipo de destrozos en su interior, diversas ocupaciones ilegales y es causa de múltiples molestias entre los vecinos ya que su lamentable estado de abandono ha llevado a que el entorno también esté en unas condiciones enormes de insalubridad”, ha declarado Sanchis. Por todo ello, “desde Esquerra Unida, hemos preguntado al equipo de gobierno sobre si se contempla la posibilidad de expropiar o comprar la fábrica y destinarla a equipamiento cultural, así como si contempla también ampliar la protección del edificio con la declaración de Bien de Relevancia Local”, ha concluido el edil.

http://www.lavanguardia.com/local/valencia/20111114/54238143015/esquerra-unida-denuncia-el-abandono-que-sufre-el-edificio-de-bombas-gens-joya-del-patrimonio-industr.html

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Las Provincias, 08.10.11:

PACO MORENO | VALENCIA.
Cultura debe autorizar la retirada de parte del tejado del edificio auxiliar, además de apuntalar un muro y desmontar dos pilares.
Los expertos datan el conjunto rural a finales del siglo XIII, con posteriores cambios. Aprueban derribos en la alquería más valiosa de Valencia por su ruina
La alquería del Moro, situada en Benicalap y la única catalogada en Valencia como Bien de Interés Cultural, está en un pésimo estado de conservación. Lo dice un informe municipal del 8 de julio de 2011, días antes de que se iniciaran unos trámites para realizar obras de derribo y consolidación de urgencia de un edificio auxiliar que forma parte del conjunto rural.
A la vista de los problemas acaecidos en el edificio auxiliar, los técnicos han aconsejado el sellado con hormigón de las mellas aparecidas en el muro del bancal colindante «para evitar el desbordamiento durante el riego». También el desbroce de las plantas trepadoras y matorrales que envuelven el edificio, así como el «apuntalamiento del muro de mampostería actuando por su paramento externo para evitar su vuelco».
La actuación, pendiente todavía del permiso de Cultura, se completará con el desmontaje de la «escasa armadura de la cubierta que resta en el ala de mayor longitud y retirada de las placas de fibrocemento», junto con el desmontaje de la teja árabe y el tablero cerámico que la sustenta, vigas y vigueas de madera y dos pilares de ladrillo.
La concejala de Esquerra Unida Rosa Albert criticó ayer el retraso en las actuaciones, cuando se ha llegado ya a una situación alarmante. «¿Cómo es posible que el equipo de gobierno se haya planteado la destrucción de parte de una edificación que fue declarada Bien de Interés Cultural en 2004?», se preguntó en un comunicado.
A la vista del expediente, al que ha tenido acceso LAS PROVINCIAS, la intervención llega con bastante demora. El informe municipal es demoledor y habla incluso del riesgo que corren las personas que trabajan en un campo de cultivo contiguo o los indigentes que suelen entrar con frecuencia en la alquería medieval.
La revisión del Plan General va acompañada por un catálogo de bienes y espacios protegidos. La alquería del Moro tiene un lugar predominante, al ser la única de carácter rural con la máxima protección.
El arquitecto autor del catálogo, Miguel del Rey, habla en la ficha de que constituye «una de las alquerías más relevantes de la comarca de l’Horta Nord por sus especiales particularidades. Su huerta es regada por un entramado de acequias que llegan desde Tormos». En opinión de este experto «posee un interés histórico, artístico y científico singular por constituir una magnísifca muestra compendio de la arquitectura señorial y rural de la huerta valenciana de los siglos XIV, XVI y XVII, y por poseer elementos característicos de un estilo de vida, de explotación y de dominio del territorio tanto medievales como modernos».
Todo un valor patrimonial que todavía carece de un uso definido. El proyecto de restauración destaca también estas cualidades. El pasado año se hizo una investigación arqueológica para verificar la antigüedad de los elementos más antiguos de la alquería, aunque una «consecuencia adicional» ha sido atestiguar el «deficiente estado de conservación del edificio». El inmueble se encuentra justo al norte del parque de Benicalap.
La parte dañada es un pabellón auxiliar construido a finales del siglo XIX o principios del XX, que albergaba un almacén de suministros, una cuadra y un corral que lo separa del edificio principal.
Es para estas dependencias para las que se prevé lo que los técnicos llaman una demolición selectiva, xon la retirada de algunos «elementos dañados o en estado de abandono». Llama especialmente la atención el «acusado desplome del tramo norte del muro perimetral», lo que constituye una amenaza potencial para la seguridad de los viandantes, junto a los citados sin techo que suelen dormir dentro o en las cercanías. El presupuesto para esta intervención de urgencia ronda los 20.000 euros.

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Las Provincias, 2 d’octubre de 2011:

LOLA SORIANO | VALENCIA. La Alquería del Moro es Bien de Interés Cultural pero está tapiada, sin rehabilitar y llena de okupas
El Ayuntamiento cataloga 150 alquerías, molinos y barracas que aún carecen de un plan de reforma
Algunos propietarios buscan alquilarlas como restaurante para poder rehabilitarlas
Las decenas de alquerías que el Ayuntamiento de Valencia ha protegido en la ciudad pueden estar tranquilas porque ya están a salvo de la feroz construcción, pero, ¿de qué sirve protegerlas si no las dotan de ayudas para que sus dueños puedan rehabilitarlas? Eso se preguntan muchos de los vecinos que están orgullosos de contar con construcciones del siglo XV o XVII en sus barrios, pero que no entienden por qué la protección legal no se acompaña de un plan de rehabilitación. «Si en el centro histórico se hacen campañas para arreglar fachadas o cubiertas, por qué no pueden hacer campañas similares para estas alquerías», se pregunta Luz Divina Torrico, presidenta de la asociación Ciudad Fallera.
Y es que durante la revisión del Plan General de Ordenación Urbana, el Ayuntamiento de Valencia ha incluido en el Catálogo de bienes y espacios protegidos de naturaleza rural 150 alquerías, barracas, molinos, acequias o silos. En el caso de la alquería del Moro, se ha mantenido como Bien de Interés Cultural (BIC) y otras, como la alquería de la Ponsa, se reconocen como Bien de Relevancia Local.
Alquería del Moro
La primera tiene la máxima protección. «Vinieron hace tiempo a hacer unas catas. Nos pusieron un cartel hablando de la inversión que se iba a hacer, pero la realidad es que las ventanas están tapiadas y de vez en cuando vemos entrar okupas», añade Torrico. Además, no ha quedado exenta de robos, pues se llevaron un parteluz gótico.
Expertos en la materia, como el arquitecto y catedrático Miguel del Rey detalla que la alquería del Moro (Benicalap y Ciudad Fallera) y la del Rey (Campanar) son dos reliquias. «Son casas basilicales. Las más antiguas del territorio valenciano». En el caso de la del Moro, «es el último ejemplo que queda de lugar poblado del siglo XV. Fue embrión de la formación de un pueblo».
Falcó
También se ha protegido como Bien de Relevancia Local la alquería de Falcó, en Torrefiel, muy cerca a la ronda norte, pero uno de los propietarios, Antonio Castelló, lleva muchos años intentando buscar ayudas para rehabilitarla e incluso habló de que se la expropiaran para que el Ayuntamiento la restaurara. Castelló nació y se crió en esta alquería. Tenían animales, secaban tabaco y almacenaban cacao valenciano. Asegura que hace años intentó restaurarla, pero no le dieron permisos. Y añade que no le gustaría morirse sin verla arreglada.
La Ponsa
También está luchando por no perder la historia de su familia y de su alquería José María López. Este vecino ha tenido que armarse de paciencia para superar los trámites burocráticos y ver, después de 15 años de lucha, que la alquería de la Ponsa ya no está fuera de ordenación. Ahora es Bien de Relevancia Local. El problema es que la construcción -está a espaldas de la Cárcel Modelo- necesita una pronta rehabilitación y no tiene financiación a la vista. «Hace años tuvimos que tirar okupas, la casa estuvo invadida de palomas e intenté rehabilitarla hace años, pero me decían que como estaba fuera de ordenación que todo el dinero que invirtiera luego no lo recuperaría».
Ahora ya está protegida, pero «se necesitan 75.000 ó 100.000 euros para rehabilitarla y no encuentro la manera. Hemos pensado hasta alquilarla unos años a algún empresario para que abra un negocio de hostelería, a cambio de que se haga cargo de la reforma, pero no me ha cuajado nada. Tuve unos primeros contactos en esta dirección, pero no cuajó», añade José María López.
Este vecino dice no entender por qué no conceden ayudas públicas para arreglar al menos la cubierta y la fachada de este tipo de edificaciones. Serviría para garantizar su estabilidad». José María recuerda que su madre, que falleció hace un año y medio, ya le dijo que no la llegaría a ver arreglada.
Rochet del Brosquil
Quien sí ha encontrado una buena fórmula es Francisco Belenguer, que posee la alquería ‘Rochet del Brosquil’, en la pedanía de Castellar. «Es de finales del XVII, al igual que la alquería señorial de Brosquil que tenemos aquí al lado», explica Francisco. Dice que el bisabuelo de su mujer era el dueño de la alquería Rochet de Brosquil, «y la hemos heredado con mucho orgullo».
Asegura que no tenía en mente arrendarla. «Cuando había algún desperfecto, pues arreglábamos vigas o tejas. Pero un día un amigo, los dueños del restaurante La Genuina de Pinedo, que es una barraca, me buscó y me dijo si se la alquilaba para abrir un restaurante en el porche. Al final me convenció y hace tres años se rehabilitó toda la parte que han convertido en restaurante. Nos ha venido muy bien para mantenerla en buen estado».
Francisco indica que en la cambra se criaban gusanos de seda. «Cultivaban tabaco porque se expedían unos permisos para hacer cierta variedad y se ponían a secar». También indica que la parte que actualmente ocupa la cocina del restaurante fueron «las antiguas escuelas de Castellar. Había colegio de niñas y de niños. Pero de eso ya hace mucho, porque el abuelo de mi mujer ya no llegó a ir a esas escuelas, pero sí sus hermanos mayores», comenta Francisco.
Alquería dels Frares
Una alquería donde todavía viven es la dels Frares, en el barrio de San Isidro. Según explica José Boix «data de 1540». Hace algunos años estuvo apunto de quedarse pegada a las paredes del colegio Nicolau de Primitiu y de perderse por la prolongación de una calle, pero finalmente se remodelaron las actuaciones urbanísticas y se respetó. En el nuevo catálogo municipal se cataloga como Bien de Relevancia Local.
En la actualidad guardan en la planta baja aperos de labranza, mulas mecánicas y los coches, pero conservan el sabor de los adobes y los arcos. «Nos hicimos arriba una casa y vivimos felices en la alquería. Hace años llegamos a criar 30 toros y luego vendíamos la carne. Todavía están los pesebres y los anclajes. Ahora almacenamos las cañas que usamos para aguantar las ramas de los naranjos», explica Matilde Pons, esposa de José Boix. Esta alquería es un referente en San Isidro. «Más allá del río está la alquería Rocatí, pero se pegó fuego».
Desde la asociación de vecinos de San Isidro, su presidente, el artista fallero José Luis Ceballos, explica que antes «estaba fuera de ordenación, pero llevamos moviéndonos desde 2002 para que la protejan y ahora se ha conseguido».
Alquería del Rey
En Campanar, el presidente vecinal, Eduard Pérez, indica que es una pena que se dejen perder todas las alquerías bonitas que tienen. «La alquería del Rey es una de las tres más antiguas de Valencia. Cuando la expropiaron todavía vivía gente y, tanta prisa que tuvieron, y la empresa que tenía que rehabilitarla no lo ha hecho. Está toda tapiada». Desde la empresa que tiene que rehabilitarla, dicen que hicieron el estudio patrimonial y vallaron la zona para protegerla. Aseguran que sí tienen intención de recuperarla, pero que la complicada situación económica impide hacerlo ahora.
Eduard comenta que, en cambio, cuentan con buenos ejemplos de alquerías rehabilitadas como la de Puchades, «que restauró la iniciativa privada, la de Ricós, cerca del cementerio de Campanar, que recuperó el Ayuntamiento con una escuela taller y que se utiliza como centro de educación especial; o la de Benlloch, que es centro juvenil.
Olba y Barrintos
En otro barrio, Marxalenes, la asociación de vecinos no entiende «cómo se protegen las alquerías de la calle Olba, pero no se restauran. Se tiró una en la que hubo un incendio, pero el resto están allí dejándose perder. Los vecinos de alrededor se quejan porque están rodeadas por un solar que es un barrizal», explica Francisco Albert.
Donde sí están satisfechos con la actuación es en la alquería de Barrintos. «Hicieron una biblioteca, una zona de exposiciones y una zona visitable para ver los orígenes de la alquería. Aquello es una joya», indica Francisco Albert. El autor de esta restauración es Miguel del Rey, que apunta que es la única alquería urbana que le han encargado rehabilitar.
http://www.lasprovincias.es/v/20111002/valencia/protegidas-pero-ayudas-20111002.html

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Publicat en “Las Provincias”, diumenge 2 d’octubre de 2011:

PABLO SALAZAR.Con toda seguridad, la nueva plaza Redonda, la que surgirá cuando finalice la reforma en marcha, será mejor que la actual. Será un espacio más diáfano, más limpio, no olerá tan mal, habrá más luz, los vendedores tendrán más comodidades, estará todo más ordenado. ¡Alto! Paren máquinas: más ordenado. Esa es la clave, la obsesión de nuestros dirigentes y de algunos/muchos de nuestros arquitectos e ingenieros por tenerlo todo ordenado, medido, calculado, milimetrado. Vayan al paseo marítimo de Valencia (en realidad, a cualquier paseo marítimo) y observen el paraíso del orden, de la línea recta, de las palmeritas alineadas, de cientos de farolas en serie, papeleras y bancos para sentarse también en serie, los restaurantes de hormigón simétricos, todos iguales, diseñados en un despacho de la demarcación de Costas, tal vez en Madrid, sin ninguna relación con su entorno, dejados caer, extraños, raros, ajenos.
La plaza Redonda necesitaba una limpieza, eso es evidente, pero dudo mucho que la nueva plaza Redonda, aún siendo funcionalmente mejor, me guste más. También es verdad que yo tengo fama de rarito y que encima transito por una edad en la que lo vivido ya es más de lo que me falta por vivir. Así que los recuerdos empiezan a acumularse y aparecen multitud de espacios de la infancia y de la juventud que ya no existen o que se han transformado, y no siempre para bien. A mis 48 años puedo decir que en Valencia he asistido a representaciones en teatros que ya fueron derribados, he visto películas en cines que ahora son gimnasios o tiendas de ropa, he visto carreras de galgos en canódromos que pasaron a mejor vida, he comprado en comercios y comido en restaurantes y cafeterías que ya hace años bajaron la persiana, he estudiado (es un decir) en una Facultad de Derecho que ya no es Facultad de Derecho, he viajado en tranvías y trolebuses que en la noche de los tiempos fueron convertidos en chatarra… Mejor no sigo. Con decirles que nací en una clínica que años después pasó a ser sede de una Conselleria, y viví en una finca -en la esquina de Barcas con la plaza del Ayuntamiento- que entonces era de viviendas y ahora es de oficinas.
Sí, es verdad, tal vez sea nostalgia. Nadie discute que las ciudades cambian, que tienen que evolucionar, transformarse y modernizarse. Ahí, además, radica parte de su propia vida y de sus posibilidades de supervivencia, en el negocio que todo ello mueve. Yo puedo recordar con cariño el trenet al Grao y aquella alquería escondida cerca de la parada de La Cadena en la que un día, paseando con María José, descubrí que la dueña, Amparito, cocinaba paellas por encargo. Una delicia en mitad de una huerta que también se fue. Pero tengo que reconocer que el tranvía que lo sustituyó ha sido un avance, que aquel viejo tren no podía seguir atravesando barrios como Benimaclet o Benicalap, dejando tras de sí una huella de atropellos mortales. Puedo añorar el mercado de Colón cuando era mercado y no lo que es ahora y cuando podías comprar tomates de verdad que te ofrecía una vendedora que me llamaba ‘bonico’ -igual era familia de Jaime Ortí…- y a mi madre ‘señora’. Pero los nuevos tiempos, siempre los nuevos tiempos, acabaron con aquel mercado, que se vio superado por los supermercados y por los hipermercados y que no supo ganarse un hueco entre la clientela como el Central, Ruzafa o el Cabanyal.
No, no vale la pena ponerse sentimental, no tiene sentido añorar los espacios de la infancia, aquellas vías del desaparecido ferrocarril a Aragón por donde discurría un circuito de carreras que hacíamos en el colegio de El Pilar y que hoy son las fincas modernas del barrio de les Alqueríes. La ciudad no entiende de sentimientos, el desarrollo urbano no puede pararse por los recuerdos de sus ciudadanos, pero el caso es que sé que voy a echar de menos aquella plaza Redonda con sus puestos de toda la vida, de uralita o aluminio, que ya sé que no eran los originales, pero que son los que yo he conocido desde siempre, cutres, feos, cero diseño, envueltos por el género que ofrecían, atrapados por una atmósfera dudosa, por una mezcla de olores y colores, pero mediterráneos y vitalistas, muy nuestros, cuando nosotros éramos nosotros, antes de querer ser los otros. Ahora que se acaba la Global Champions Tour, que ya no tenemos Copa América y que quizás algún día nos quedemos sin Fórmula 1, siempre nos quedará la paella, la naranja y la horchata. La lástima es que habremos perdido la plaza Redonda.
http://www.lasprovincias.es/v/20111002/opinion/adios-plaza-redonda-20111002.html

http://conocevalenciapaseando.blogspot.com/2011/10/la-plaza-redonda-como-principios-del-xx.htm

http://www.lasprovincias.es/v/20110930/valencia/plaza-redonda-nunca-vista-20110930.html
http://www.lasprovincias.es/v/20110923/valencia/derribos-devuelven-plaza-redonda-20110923.html

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Levante-EMV, domingo 4 de septiembre de 2011:

La memoria colectiva de los valencianos recuerda la plaza Redonda como un enclave oscuro y abigarrado, donde durante años se juntaban todos los domingos tiendas de animales, mercerías y bares. El proyecto de rehabilitación, cuya segunda fase empieza mañana, cambia todo eso y abre la emblemática plaza al sol.

Á. SERRANO, VALENCIA No resulta difícil imaginar a Vicente Blasco Ibáñez paseando por la plaza Redonda cualquier día de principios del pasado siglo XX. La emblemática plaza, centro geográfico de laValencia del siglo XIX, ya era un centro comercial y social de la época. En 1916 vieron la luz los puestos que hoy comenzarán a desaparecer de la ubicación que han ocupado durante casi cien años. La segunda fase del proyecto de rehabilitación de la plaza Redonda, que comenzó en 2008 con una extensa primera fase que ocupó dos años, se alargará hasta junio de 2012, cuando la plaza se abra al sol tal como diseñó el estudio de arquitectos Veges Tu Mediterrànea, coordinado por Tito Llopis.

Esta fase tiene un presupuesto de más de dos millones y medio de euros, lo que sumado a los 2,2 millones de la primera fase da un total de 4,8 millones de euros. Casi cinco millones, unos 800 millones de las antiguas pesetas, de esas que durante un siglo estuvieron protagonizando las compras de pavos en Navidad, de periquitos en domingo o de madejas de hilo cualquier día de la semana, por nombrar sólo tres de los tipos de comercios que, desde que en 1916 se construyeron los puestos provisionales, han dado vida a la plaza Redonda.

Lo que pocos saben, de hecho, es que la plaza, localizada donde anteriormente había un matadero y proyectada como anexo inseparable del Mercat Central, es el centro geográfico exacto de la Valencia del siglo XIX. Su arquitecto, Salvador Escrig, proyectó en 1837 el cubrimiento de las cuatro calles que conforman hoy día las entradas a la plaza hasta una determinada profundidad para cerrar un círculo y construir una fachada uniforme pero sencilla. La plaza Redonda se convirtió entonces en un importante nodo comercial al que las clases populares acudían a hacer las compras, aspecto potenciado a principios del siglo XX con la construcción de los puestos.

Habría de pasar casi 100 años hasta que se decidiera acometer alguna reformar en el proyecto de Escrig. Cuando el aspecto heterogéneo y compacto de la plaza ya formaba parte de la memoria colectiva del Cap i Casal, el Ayuntamiento de Valencia sacó a licitación el proyecto de reforma de la plaza Redonda. La caída de una cornisa en diciembre de 2007 aceleró los trámites y a principios de 2008 comenzó la primera fase de la reforma, que consistió en la rehabilitación de las fachadas. Esta fase terminó en 2010, y mañana comienza la segunda. Se trata de la más profunda, la que cambiará de manera radical la apariencia de una plaza que se abrirá al sol y se mostrará quizá más diáfana que en sus orígenes, cuando a mediados del siglo XIX tenía una de las pocas fuentes de agua potable de la ciudad y el olor a chocolate y horchata se mezclaba con el de las aves de corral que se vendía en ella -la compraventa de animales en el enclave se prohibió en 2005-.

La segunda fase mantendrá el número de puestos, 48, pero demolerá las actuales paradas para construir seis completamente nuevas. Los vendedores ya llevan una semana en Lope de Vega, y tienen por delante siete meses en los que estarán fuera de la emblemática plaza, Fallas incluidas. Cambiará la cubierta, cambiará el suelo, cambiará la fuente y cambiará la idea general de la plaza, que los arquitectos insisten en que nunca ha sido la de dar cobijo a un mercado abigarrado.

Salvem la plaça Redona

Pero como nunca llueve a gusto de todos, y menos en Valencia, y menos cuando se habla del patrimonio municipal, no ha tardado en aparecer una nueva plataforma, Salvem la plaça Redona. Alentada por las redes sociales -su grupo en Facebook ya tiene 700 miembros-, creen que el nuevo proyecto “no ha sido respetuoso con el estilo original de la plaza: se destruyen los elementos anteriores de gran valor cultural y artístico, así como el ambiente y la silueta paisajística, sin restaurarlos, y se incluyen elementos nuevos de estilo moderno que rompen completamente el estilo y que no aportan nada”, según fuentes de Salvem, que proponen “la conservación de puestos, marquesina y fuente restaurándolos”.
Sea como sea, quedan siete meses para que la nueva plaza Redonda vea la luz… más que nunca.

Imagen proyectada de la plaza Redonda, tal como quedará después de esta segunda fase de las obras.

Imagen proyectada de la plaza Redonda, tal como quedará después de esta segunda fase de las obras.  Levante-EMV

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