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Posts Tagged ‘Alacant’

Publicado por Alicante Vivo, 23/11/2011:
Justo enfrente de la gasolinera de la Santa Faz y situada al final de un camino flanqueado por palmeras y olivos moribundos, encontramos la solitaria finca El Pino, sin duda una de las edificaciones más singulares de toda la desaparecida Huerta de Alicante.

El Pino fue levantada a finales del siglo XIX siguiendo el estilo ecléctico y presenta una planta de cruz griega, con uno de sus brazos ligeramente más corto que el resto en donde se sitúa la escalera. Las reformas de años posteriores trasladaron la cocina del sótano a un anexo levantado en la primera planta.

La que fuera finca del alcalde Francisco Alberola se encuentra hoy totalmente abandonada y ha sido saqueada en reiteradas ocasiones, algo que ha ido denunciando la prensa en repetidos artículos. En los últimos tiempos el expolio ha alcanzado sus cotas máximas y día a día van desapareciendo varios de sus elementos característicos.

Lo que queda de la escalinata de acceso

El porche en el año 2009. Poco antes del derribo y robo

Su espectacular escalinata de acceso realizada con sillería de grandes proporciones ha sido expoliada y apenas se observan algunos trozos de peldaños desperdigados por la rampa. Los dos porches metálicos que forman las terrazas del primer piso han sido derribados y sus columnas metálicas de forja han sido robadas. El saqueo ha llegado hasta los elementos del jardín, la pajarera metálica ha desaparecido por completo. Su interior tampoco se salva. Ha desaparecido todo el mobiliario y se han llevado pieza por pieza el mármol de los suelos.

La pajarera en el año 2003
La pajarera a día de hoy

Se trata cómo no, de otro de los históricos palacetes de la Huerta de Alicante que no ha sido incluida en el Catálogo de Edificaciones Protegidas pese a ser uno de los edificios incluidos por Santiago Varela en su libro “Arquitectura Residencial de la Huerta de Alicante”.

Si el Ayuntamiento no protege El Pino y el resto de palacetes de la Huerta llegará un día en que no nos quedará nada que legar a nuestros hijos. Desde Alicante Vivo pedimos la inclusión de esta finca en el Catálogo de Edificaciones Protegidas por su evidente valor histórico y arquitectónico, símbolo además de una época de esplendor de nuestra Huerta.

El Pino en el año 2002 cuando aún tenía caseros

El Pino a día de hoy. Se observa el
porche derribado y expoliado
Estado de la escalera en el año 2005
Trozos del pavimento de mármol
y restos del mobiliario. 2005
Interior de la cocina anexa al
edificio original. Año 2005

ALFREDO CAMPELLO

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Publicat per Asociación Cultural Alicante Vivo:

Emulando a Gardel y su famoso “sentir que es un soplo la vida y que 20 años no es nada”, creo justo y necesario felicitar a nuestro querido Mercado Central de Abastos por su inminente y nonagenario cumpleaños. Fue un 23 de Noviembre de 1921 cuando abría sus puertas por primera vez, aún nuevo e inconcluso, y aunque son muchos los alicantinos que comentan con elevadas dosis de añoranza aquello de “parece que fue ayer cuando se inauguró “la plaza”, lo cierto es que aquel edificio proyectado por el ingeniero Próspero Lafarga, y finiquitado por el genial arquitecto municipal Juan Vidal Ramos, ya pinta canas. No en vano, son nueve décadas (día más o día menos) las que han pasado desde aquella trascendental fecha.

Y sí… 90 años no son nada. Pero dan para mucho. Atrás quedaba el “Mercado Viejo”, construído en 1841 y ubicado en la Plaza de la Puerta del Mar. Fue el primero “de los que tuvo Alicante organizado y controlado por la autoridad municipal”, sito en nuestra actual y emblemática Casa Carbonell. Enrique Romeu Palazuelos, en su libro “Recordar Alicante”, nos contaba la legión de personajes curiosos y variopintos que circulaban por allí, como “los vendedores de gallinas vivas, con sus jaulas de tela de alambre, por donde Rosa la viuda preparaba sabrosos manjares: las ristras de embutidos, los blanquets, las morsilletes de seva, la longaniza, la butifarra catalana (…) Las cabras con sus campanillas y la lechera que las ordeñaba a la vista del cliente, llenando de leche tibia la medida de hojalata (…) Los pitos de los afiladores, con su escala musical inconfundible, el olor de las hierbas para las tisanas, que traían el aroma del campo lejano, “rabo de gato”, manzanilla, poleo, “quebrantahuesos” (cantueso)…”

Aquellos primeros puestos quedaron pronto pequeños, oscuros e insalubres, por lo que se decidió trasladarlos al Paseo de la Reina -hoy Rambla de Méndez Núñez-, ante las protestas de vecinos, vendedores y usuarios. Fue en pluma del periodista Fernando Gil Sánchez cuando supimos que el Alcalde D. Federico Soto Mollá ordenó ese cambio de ubicación, cansado de “ver la negra mole del antiestético mercado”, y al son de “lo colocaré en el sitio dónde más moleste a la población, y será el medio seguro de que pronto se construya uno nuevo”.

Alea jacta est. “Fumad papel Egipto”, rezaba la entrada al flamante –y emigrado- Mercado de Abastos del Paseo de la Reina, un curioso zoco al aire libre, “con su escalinata y pilastras con farolas y verjas de hierro”. La tradición de la terreta seguía activa, con sus “marchantes de aceitunas y variantes, pepinillos, cebollitas, aceitunas gordales y olivetes del cuquell, negras y pequeñas, aderezadas en salmuera con ruedas de limón y hojas de laurel”, pero ahora era más incómoda para los alicantinos, más sucia y con peores olores.

Fue por eso -o gracias a eso- que, tal y como había aventurado el señor Soto Mollá, las autoridades decidieron buscar de nuevo emplazamiento, más amplio, más cómodo y más moderno… que acabaría siendo, menos mal, el definitivo. Se eligió para ello una zona anexa a la Avenida de Alfonso El Sabio, la “pomposamente llamada Plaza de Balmes, que no era ni más ni menos que un verdadero descampado, resultante de la desaparición del antiguo Teatro Circo”. Corría el 9 de agosto de 1915. Más de siete años de trabajo y muchos alcaldes hicieron falta para terminar la obra; fueron tiempos complicados en lo económico y político, durante los cuales pasaron por el trono de la ciudad ediles que en algún caso duraban menos en su puesto que un caramelo en la puerta de un colegio.

La construcción del nuevo Mercado Central Abastos transcurrió con cierta normalidad, gracias en gran medida a un ilustre abogado del que hemos hablado de forma recurrente en las últimas semanas: José Guardiola Ortiz, recientemente trasladado al “Jardí del Silenci”. El señor Guardiola era Presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Alicante (actual CAM…, no se asusten, por favor), y facilitó “el apoyo económico a través de un préstamo hipotecario que totalizó 900.000 pesetas sobre garantía del edificio y con un plazo de amortización de doce años”.
Más tarde llegaría la inauguración oficial, el 12 de Noviembre de 1922, un año después de abrir sus puertas al gran público por aquello de “hacerlo coincidir en elecciones municipales”. ¿Les suena a ustedes de algo? Banda de música incluída, sería el arquitecto Vidal Ramos y el abogado Guardiola Ortiz quienes hablaran de todo el proyecto de construcción en loor de multitudes, mientras el hijo del malogrado D. José Canalejas Méndez bautizaba el recinto con una corona de flores.

Lo cierto es que el Mercado Central, hoy febril punto de actividad y lugar de referencia social y económico de nuestra ciudad, es un vecino más de Alicante. Quizá tan querido -o más- como aquel primer e inolvidable “Mercado Viejo”. Ojalá cumpla 90 años más, por supuesto… y que todos nosotros lo veamos. Es lo mínimo que se desea a aquello que forma parte de nuestra propia vida.

¡¡FELICIDADES!!

JUAN JOSÉ AMORES

http://www.alicantevivo.org/

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La Verdad, 25/10/2011:

Inicia los trámites para proteger estos edificios del siglo XIX y para convencer a Adif de que no los derribe al construir la Intermodal
25.10.11 – 01:16 – E. M. L. | ALICANTE.

«No es verdad que la conservación de los tinglados de la Estación de Renfe retrasará la llegada del AVE a Alicante». Así de tajante se mostraba ayer el concejal de Imagen Urbana, Adrián Santos, para desmentir las afirmaciones hechas por Adif respecto a las intenciones del Ayuntamiento de proteger estas naves del siglo XIX, que el proyecto de la Estación Intermodal prevé demoler.
El edil mantuvo ayer una reunión con la concejal de Urbanismo, Marta García-Romeu, en la que pusieron en común los trámites iniciados para evitar el derribo de estos tinglados, que pasan por su incorporación al catálogo de Bienes e Inmuebles Protegidos. «Hemos preguntado al Consell los pasos que hemos de dar para ponerlos en marcha, porque nuestra opinión al respecto es innegociable», explicó Santos.
No obstante, sí que están dispuestos, dice, a «consensuar con Adif en la medida de lo posible la forma de modificar el proyecto de la estación, de modo que se conserven los tinglados».
El edil se mostró «sorprendido» por las declaraciones de Adif sobre el presunto retraso que la conservación de los tinglados conllevaría para la llegada del AVE. «No entendemos por qué lo dicen, porque el proyecto de llegada provisional del AVE en superficie en 2012 no se contempla el derribo de los tinglados, sino una conexión peatonal entre los nuevos andenes y la actual estación», apunta Santos. «Es el proyecto posterior de la Estación Intermodal el que habría que modificar para mantenerlos», añade. El concejal se pregunta, asimismo, «por qué Adif habla en su proyecto original de tinglados históricos de piedras hexagonales y ahora pasa a llamarlos naves de almacén».
Desde el Consistorio no ofrecen explicaciones sobre por qué no se decidió desde un primer momento la protección de estos tinglados, pero sí aseguran que están dispuestos a todo por mantenerlos. «Desde Conselleria nos han asegurado que, en caso de que no dé tiempo de culminar el proceso para protegerlos, existe la posibilidad de acogernos a una categoría de bienes no inventariados pero con valor para su conservación», asegura Santos.
El Consistorio defiende que mantener los tinglados no retrasará la llegada del AVE

Uno de los tinglados de Renfe que se quieren proteger. ::CARLOS RODRÍGUEZ

http://www.laverdad.es/alicante/v/20111025/alicante/consistorio-defiende-mantener-tinglados-20111025.html

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Publicado en Información el 30/05/2011:

Varias decenas de personas se concentran ante el edificio, que puede ser demolido hoy, para dar un simbólico “último adiós” a la edificación

La presencia de la Policía Nacional disuadió ayer de entrar al silo de San Blas a quienes se habían concentrado ante él en protesta por su inminente derribo, que puede producirse hoy mismo. Al término del acto organizado para “despedir” al edificio, algunos de los asistentes mostraron su intención de acceder al interior, pero los vigilantes de la obra se lo impidieron y dieron aviso a la Policía. Al lugar acudieron varios agentes, que no llegaron a intervenir al optar los concentrados por no entrar al recinto para evitar cualquier tipo de incidente.
Varias decenas de personas -menos de un centenar- asistieron al “funeral” del silo de San Blas organizado por la asociación Alicante Vivo. A través de varios discursos, tanto el representante de este colectivo como de la Plataforma Comarcal de Movilidad (PCM), los vecinos de la zona, EU, UPyD y Compromís denunciaron la “destrucción del patrimonio” que supone este derribo y acusaron tanto al Ayuntamiento como a la Generalitat y al Ministerio de Fomento de no haber hecho nada para protegerlo. Al mismo tiempo, exigieron a estas administraciones que reconsideren “in extremis” la demolición y el edificio sea conservado.
Rubén Bodewig, de Alicante Vivo, calificó de “tropelía y asalto injustificado” el derribo del silo y aseguró que “sólo desplazando una vía en superficie 5 metros, se podría conservar un patrimonio de todos”. A su juicio, Alicante padece un “mal endémico” porque “no valora lo que tiene”, al tiempo que criticó el “secretismo” con el que se está llevando el proceso, puesto que “no dicen cuándo” se va a producir la demolición. Por ello, aunque animó a los asistentes a estar allí para “plantar cara delante de las excavadoras y decir que esto es nuestro”, lamentó no saber si será hoy el derribo y a qué hora.

Críticas a la falta de información oficial
La mayoría de los intervinientes criticaron el silencio de las administraciones públicas sobre este proyecto, como el edil electo de EU Miguel Ángel Pavón, que denunció que la Conselleria de Cultura no ha respondido a la petición de suspensión cautelar del derribo. También el presidente de la comunidad de propietarios del complejo de edificios conocido como “La Colmena”, Francisco López, aseguró que “nadie ha venido a explicarnos nada” de lo que se piensa hacer en la zona. Por su parte, la diputada electa de Compromís Mireia Mollà comparó el caso con el barrio valenciano de El Cabanyal, porque “han dejado que se degrade el silo”. También cuestionó que la llegada del AVE justifique el derribo, al igual que el próximo portavoz municipal de UPyD, Fernando Llopis, que manifestó que la comodidad “no compensa” la pérdida del patrimonio. A. T.

Concentración ante el silo de San Blas en protesta por su derribo, que puede producirse hoy. DAVID COSTA

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Hoy, infausto día en que la piqueta ha alcanzado los silos de la harinera Magro, en Alacant, aparecen nuevas noticias al respecto. En ellas se da cuenta de la “bondad” de sus destructores al conservar algunos de los elementos que formaban parte del conjunto. Estas noticias se pueden leer en el diario Información:

 
También el diario Las Provincias se hace eco de la noticia:  
Las máquinas irrumpen en los silos
 
Desde nuestra asociación nos planteamos qué sentido tiene conservar ciertos elementos descontextualizados de su entorno original ¿Se reubicarán en otro lugar? En cuyo caso ¿cual? ¿Se podrá obtener una lectura correcta de dichos elementos alejados de su lugar de origen? Si teníamos el edificio ¿para qué demoler la estructura y conservar tan solo algunos elementos? ¿Bajo qué criterio se ha decidido conservar estos y no otros, quién toma estas decisiones? Entendemos que estas preguntas son de difícil respuesta para el que ha decidido el camino de la destrucción, el más lucrativo por los valores que parecen regir en la sociedad actual, pero también el que más habrán de lamentar las generaciones futuras y también la nuestra. Como decía Manuel Cerdà en su lúcido artículo, publicado en este blog y que podéis leer a continuación, asistiremos al entierro de unos bienes patrimoniales que murieron enfermos de desidia.

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Publicamos hoy un intenso artículo de opinión sobre el inminente derribo de los silos de San Blas, en Alacant, escrito por el historiador y arqueólogo industrial Manuel Cerdà, miembro asimismo de nuestra asociación.
 

Parece ser que en los próximos días los silos de las harineras Magro en San Blas, en Alacant, va a seguir el mismo destino que la inmensa mayoría de los bienes que forman parte del patrimonio industrial: la desaparición. Ni siquiera quedará convertido en un montón de cascotes, sino en un solar impoluto en el que ningún vestigio atestiguará que, una vez allí, hubo una importante fábrica cuyo espacio podría haberse salvado como testimonio del respeto a las anteriores generaciones de alicantinos y tal vez destinarse para otros usos. La fábrica de harinas de Salvador Magro formaba parte de un pequeño conjunto industrial que empezó a configurarse en el barrio de Benalúa durante la primera mitad del siglo XX. La fábrica original era de madera, pero durante la guerra civil se incendió y posteriormente, en 1951, se rehizo con cemento. De esta fecha datan los silos que el próximo lunes serán derribados.

Hoy, 27 de mayo, frente al mismo, se ha convocado “al acto de su funeral [a] aquellos que no quieran permanecer con los brazos cruzados ante su demolición”. La concentración de despedida tiene un valor simbólico, pues no impedirá que la piqueta acabe con él, pero no es poco. La mayoría de los bienes son destruidos sin que nadie organice velatorio alguno en su memoria.

En la argumentación para su derribo se dice que su conservación “obligaba a desviar las líneas ferroviarias para que no tocaran los depósitos harineros” y que ello encarecería notablemente el proyecto de llegada del AVE a la ciudad de Alicante, retasando además sine die su puesta en funcionamiento. Y de todos es sabido la perentoria necesidad de tal proyecto, pues al día siguiente Alacant dejará de tener paro, mejorará sus servicios y sus ciudadanos atarán los perros con longanizas. Nada ha de detener el ¿progreso?

Hace unos años, en mi pueblo, Muro, se desvió la autovía para respetar la ermita consagrada a san Antonio Abad, del siglo XVIII, resultado de la modificación de otra anterior, del siglo XIV, de la que apenas queda parte de su estructura. Ligeramente, pero se desvió. El edificio carece de interés arquitectónico y artístico, pero la ermita de Sant Antoni, como es conocida localmente, goza de una gran estima entre los mureros y tiene una gran carga simbólica. No tuvo el ayuntamiento, en cambio, empacho alguno a principios del presente siglo en desmontar toda la verja de sillares que rodeaba una fábrica de papel de 1919 y destinar estos a la construcción de una especie de castillo-palacio para las fiestas de Moros y Cristianos de la localidad, con el fin de que pareciese antiguo. La propuesta partió del propio arquitecto de la obra.

Ninguna protesta, ni siquiera crítica alguna, acompañó la decisión, lo que pone en evidencia el enorme desinterés social existente hacia los restos industriales. Socialmente éstos no se valoran apenas. La indiferencia hacia los restos industriales es algo común, la gente no siente el mismo respeto hacia unos bienes que le resultan demasiado cotidianos, que siempre han estado ahí y que, poco a poco, han ido perdiendo su función porque los procesos de producción han ido quedando obsoletos o porque los gustos de los consumidores han cambiado y la demanda es insuficiente para hacer viable su continuidad, unos bienes que han ido integrándose en un paisaje cada vez más urbanizado y que, de pronto, han adquirido un valor económico inusitado como solares.

La evidencia muestra que el patrimonio que goza de mayor protección es aquel que socialmente tiene mayor consideración. Si no, ¿cómo se explica que en Muro se desviara la autovía para preservar la ermita de Sant Antoni? Por intercesión del santo les aseguro que no fue, pero el pueblo sentía aquel espacio como algo suyo, lo apreciaba. Si algo no es apreciado difícilmente podrá salvarse. Un hijo, un familiar, un amigo que sufra una desgracia nos conmueve, pero todos los días desgracias peores suceden en el eufemísticamente llamado Tercer Mundo, pero no les suceden a los nuestros, y obviamente no podemos apreciarlos por igual.

El primer paso para conseguir que el patrimonio industrial sea valorado en su justa medida y, en consecuencia, protegido y conservado es, a nuestro juicio, el reconocimiento social de su significación e importancia. Como señala la Ley de Patrimonio Histórico Español (LPHE) en su Preámbulo, el valor del patrimonio “lo proporciona la estima que, como elemento de identidad cultural, merece a la sensibilidad de los ciudadanos. Porque los bienes que lo integran se han convertido en patrimoniales debido exclusivamente a la acción social que cumplen, directamente derivada del aprecio con que los mismos ciudadanos los han ido revalorizando”.

¿Cómo conseguir esa estima hacia el patrimonio industrial? La Administración es la responsable en materia de patrimonio, es quien lo gestiona, pero no es ella quien, de forma arbitraria, define qué es patrimonio, sino que las definiciones que aparecen al respecto tanto en la LPHE como en las demás leyes sobre patrimonio cultural, incluida la nuestra, se redactan en función de unos criterios ajenos a la propia Administración y que son el resultado de un largo proceso de investigación, reflexión y teorización sobre qué es patrimonio, que hay que conservar y cómo, de qué manera proteger y restaurar lo que se conserva, etc. ¿Puede alguien creer que el patrimonio arqueológico tendría la protección de que goza en el conjunto de la legislación sobre patrimonio si antes la arqueología no se hubiera desarrollado científicamente, se hubiera dotado de un adecuado aparato conceptual y desarrollado unas técnicas de trabajo precisas que han permitido, cada vez más y con más medios, obtener unos conocimientos sobre la vida en un pasado remoto?

El patrimonio industrial, en cambio, carece de esta base. A las universidades se la trae al pairo y a sus profesores aún más. Las cosas están bien como están, no hay que tocarlas. Ya hemos delimitado nuestras competencias: para los arqueólogos el estudio de las sociedades hasta la Edad Media, para los historiadores de aquí en adelante. No mareemos la perdiz, que a estas alturas empezar uno a reciclarse da mucha pereza. Para los primeros las fuentes de conocimiento arqueológicas, para los segundos las escritas. Los restos materiales, pues, de las épocas moderna y contemporánea para quien las quiera. Para los historiadores del arte, por ejemplo, o de la arquitectura. Y, así, si un edificio carece de interés arquitectónico o artístico, pues ¿para qué lo queremos? ¿Qué más da la historia depositada en él? No tiene importancia. Lo dicen los propios historiadores, con su práctica.

Falto, pues, del más mínimo respeto desde las instancias académicas y sin consideración social alguna, la pervivencia de los testimonios industriales de nuestro pasado más próximo es más bien una quimera. Existe ciertamente un buen grado de conciencia entre diversos profesionales o ciudadanos que, por las razones que sean, entienden que el pasado es algo más que los historiadores nos cuentan. Pero en absoluto hay una conciencia colectiva. Ese es el drama.

Así las cosas, cuando llega el momento ─como es el caso que nos ocupa─ de asistir a la desaparición física de lo que algunos consideramos un bien relevante de ese pasado industrial somos lógicamente incapaces de conseguir una movilización lo suficientemente amplia que haga retractarse a las lumbreras que tan claro tienen nuestro futuro. Entonces los políticos se posicionan. Pero, no nos engañemos, todas las formaciones políticas del ámbito parlamentario valenciano carecen de programa para el patrimonio industrial. Eso no da votos. Así, mientras Esquerra Unida en Alacant exige la paralización de la orden de derribo, fruto de un “vergonzoso acuerdo” entre el Consistorio y el Ministerio de Fomento, y pide su protección, la misma formación en Alcoi no ha hecho nada por impedir la ruina completa del que sin duda era uno de los patrimonios industriales más ricos de España. Nada.

Mientras el patrimonio industrial no sea valorado con unos criterios bien definidos y no se reduzca el término a las producciones fabriles o arquitectónicas más relevantes desde el punto de vista estético, admitiéndose al mismo tiempo que todos los restos materiales de la sociedad industrial-capitalista ciertamente no tienen por qué conservarse pero sí estudiarse, difícilmente se podrá preservar de una manera adecuada bienes que sean representativos de toda la cultura material del período. Es una tarea en la que necesariamente hay que implicar a muchas más instancias ─las académicas especialmente─, en la definición de qué es patrimonio industrial, qué hay que hacer con él, qué preservar y qué no. Han de adoptarse criterios uniformes para poder plantear una política clara a la Administración sobre él. Mientras, si no, tendremos que contentarnos con organizar más funerales en vez de celebrar fiestas por la recuperación de los bienes enfermos de desidia.

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Revista El Salt

L’últim número de la revista trimestral de l’Institut Alacantí de Cultura Joan Gil-Albert va ser publicat el dimecres de la setmana passada. Fem resó de la mateixa perquè en esta ocasió ha estat dedicada al Patrimoni Industrial de la província d’Alacant, mitjantçant tota una sèrie d’articles divulgatius escrits per especialistes en la matèria.

Entre altres temes tractats, els articles centrats en Patrimoni Industrial són :

–         Patrimonio Industrial en Alicante: calzado, alpargatas, papel y texil, J.M. Santacreu Soler.

–         Museo del Calzado de Elda, J. C. Martínez Cañabate.

–         Historia y patrimonio industrial en Elche: la industria alpargatera, José Antonio Miranda.

–         Parque Cultural del Agua de Banyeres de Mariola, M. Ángeles Calabuig Alcántara y Juan Castelló Mora.

–         El papel en la provincia de Alicante, evolución histórica, Juan Castelló Mora.

–         Ciudad industrial: el caso de Alcoi, Mari Llanos Iborra Candela.

–         El Molinar de Alcoy: paisaje industrial, Georgina Blanes Nadal y Rafael Sebastiá Alcaraz.

–         La sal y Torrevieja, Francisco Sala Aniorte.

–         El trenet de La Marina, Cristina Llorens.

La revista de l’hivern 2011 es pot adquirir, per 2 euros, en la seu de l’Institut, en el carrer San Fernando nº 44 d’Alacant.

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