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Archive for the ‘Urbanismo e ingeniería civil’ Category

Levante-EMV, 22/01/2012:

Un proyecto financiado por la ministra de Cultura saliente edita mil barajas y recortables para difundir entre los niños el patrimonio amenazado por el plan municipal el barrio de pescadores.

RAFEL MONTANER
VALENCIA
 Un juego de recortables en papel de algunas de las fachadas más singulares del Cabanyal, que los niños pueden reinventar a partir de la estructura de bloques o manzanas de casas que conforman la trama urbana de este barrio marinero, y una baraja de cartas con imágenes de los edificios más emblemáticos del antiguo enclave de pescadores. Estas son las bazas con las que «Cabanyal Archivo Vivo» quiere difundir entre los escolares de 6 a 12 años el patrimonio arquitectónico y cultural amenazado por la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hasta el mar que impulsa el Ayuntamiento de Valencia.

Este proyecto pedagógico para llevar a las aulas la resistencia ciudadana contra los planes urbanísticos municipales no está exento de polémica al estar sufragado por el anterior Ministerio de Cultura socialista en una de las últimas decisiones de la ministra Ángeles González-Sinde antes del traspaso de poderes. Cabe recordar que González-Sinde, al firmar en noviembre de 2009 la orden que declaraba expolio el plan del Cabanyal y paralizaba los derribos protagonizó una batalla política y judicial con el consistorio del Cap i Casal y la Generalitat que aún se dirime en el Tribunal Constitucional.

Así pues, «Cabanyal Archivo Vivo», el proyecto creado por la asociación cultural La Esfera Azul con el patrocinio del Ministerio de Cultura de la pasada legislatura, a través de su iniciativa «Aprendiendo del Cabanyal» acaba de editar un millar de lotes de la baraja y los recortables que ofrece de forma gratuita a colegios, profesores y Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (AMPA). «Queremos que los niños conozcan el patrimonio de la ciudad en la que viven, de ahí nuestra intención de ponerlo a dispoción no sólo de las escuelas del barrio, sino también a las del resto de Valencia y de fuera de ella», apunta Bia Santos, coordinadora del proyecto junto a Emilio Martínez.

Lotes para colegios
La doctora en Bellas Artes Silvia Molinero Domingo, la creadora de la baraja y el recortable del Cabanyal junto al estudio de arquitectura Mixuro, explica que todo este proyecto está a dispoción de aquellos que tengan interés en desarrollar los juegos dentro del aula. «Se ha preparado una bolsa por aula, que contiene siete hojas de las tres láminas del recortable —la base, el rectángulo de la manzana y las fachadas—, dos barajas y dos cajas para guardar las cartas», apunta.

«La propuesta es que en grupos de cuatro alumnos se pueda jugar, mientras se descubre el patrimonio del Cabanyal, pues sólo se ama aquello que se conoce», destaca Molinero.

Los lotes se pueden solicitar por correo electrónico (archivocabanyal@gmail.com) y se repartirán, añade, «hasta agotar existencias». En previsión de que la tirada se quede corta, «también se ha adaptado a tamaño A4, para el que lo desee, esté donde esté, pueda descargarlo de internet (www.cabanyalarchivovivo.es) imprimírselo y hacerlo en casa».

Cada partida de la Baraja del Cabanyal, prosigue Molinero, «representa una manera de aprender las características que definen las viviendas de este singular barrio». El objetivo de esta propuesta lúdica y educativ es, recalca, «pasar un buen rato fomentando el interés histórico de las casas del Cabanyal a la vez que se dan algunos datos de las principales construcciones, como por ejemplo el año de edificación, número de alturas, sus metros cuadrados o la distancia a la que se encuentran del mar».

La baraja consta de 32 cartas y la partida la gana quien consigue el mayor número de ellas. Para jugar hay que distribuirlas todas entre los jugadores, que las deben colorar en un montón boca abajo. El jugador que tiene la mano observará las características de su vivienda, escogiendo aquella que crea más oportuna y la dirá en voz alta. Quien tenga el valor mayor entre superficie construida o número de plantas, y el menor de año de construcción o distancia al mar, escogido por el «mano», será el ganador y cogerá las cartas de esa baza . El ganador será «mano» en la siguiente jugada.

La lonja, el as de la baraja
Molinero subraya como «muy sorprendente» el ver cómo muchos de los niños que ya están jugando con esta baraja «reconocen el teatro La Estrella y se alegran cuando les toca esa carta» y también «como, tras pocas partidas, saben que ganarán la baza cuando tengan la carta número 10 que corresponde a la vieja lonja de pescadores de la calle Eugenia Viñes, el edificio más antiguo del barrio ya que fue construido en1909».

El Recortable del Cabanyal, que retoma un proyecto de 2001 de Silvia y su hermano Javier, arquitecto de Mixuro, consta de tres láminas A3. El objetivo es invitar al alumnado a construir un modelo de manzana de casas típica de este enclave. Entre las sorpresas de la fase de pruebas está el ver como algunos niños, especialmente los más pequeños, pegan una fachada encima de la otra (foto de la derecha) reinventando un barrio de casas más altas con sabor a Cabanyal.

Molinero, concluye que el barrio «ofrece numerosas características singulares que a veces, por el mero hecho de tenerlas cerca, pasan desapercibidas». «Lo que hemos querido es, a través de la mirada curiosa de los niños, conocer y aprender del Cabanyal».

Esta manera de volver a mirar el Cabanyal para el que ya lo conoce o de conocerlo para el todavía no lo ha visitado, ha traspasado las fronteras valencianas, pues según avanza su creadora, un equipo de urbanistas se ha interesado por el proyecto para adaptarlo al barrio madrileño de Chamberí. «Entienden que es un ejemplo de hacer urbanismo desde las aulas y una forma interesante de acercar a los niños el barrio en el que viven».

Trabajo en el aula reinventando un barrio con tijeras y pegamentoTrabajo en el aula reinventando un barrio con tijeras y pegamento S. Molinero/Mixuro

http://www.levante-emv.com/valencia/2012/01/22/resistencia-cabanyal-recortable/874650.html

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Las Provincias, 9/12/2011:

R. X/ C. LÓPEZ | XÀBIA. La recuperación para el uso ciudadano del Central Cinema de Xàbia vuelve a convertirse en un tema de actualidad tras su aparición en la campaña electoral a través de las promesas de los diferentes partidos. El Generador Cultural, la asociación que agrupa a todas las entidades culturales de la villa, y la concejalía de Cultura quieren recoger ideas para ver qué se puede hacer en ese antiguo cine, enclavado en pleno centro histórico.

Según informó la organización, pretenden abrir el Central Cinema a la imaginación de todos los vecinos de Xàbia. Y para ello proponen reunir los recuerdos de las actividades que hace unas décadas se desarrollaban en este espacio emblemático.
El Generador pide la colaboración de los vecinos, historiadores y enamorados de Xàbia con la finalidad recopilar información sobre la historia del Central Cinema. El edificio, que ahora se ha convertido en el almacén del Museo, acogió durante toda su historia espectáculos de fin de curso, galas de ballet, sainetes, presentaciones de mayorales y concursos de bailes, entre otros eventos.
El plazo para recopilar la documentación concluye el 20 de enero y, una vez procesada, se realizará una muestra en el propio Museo Soler Blasco y en la Casa de Tena.
La reapertura del Central Cinema es uno de los grandes proyectos pendientes que tiene Xàbia. Una obra que la asociación de comerciantes considera vital para la revitalización del centro histórico, aunque la complejidad de la reforma y la crisis económica obligan a ser creativos para hacerla realidad.

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Publicado por Alicante Vivo, 23/11/2011:
Justo enfrente de la gasolinera de la Santa Faz y situada al final de un camino flanqueado por palmeras y olivos moribundos, encontramos la solitaria finca El Pino, sin duda una de las edificaciones más singulares de toda la desaparecida Huerta de Alicante.

El Pino fue levantada a finales del siglo XIX siguiendo el estilo ecléctico y presenta una planta de cruz griega, con uno de sus brazos ligeramente más corto que el resto en donde se sitúa la escalera. Las reformas de años posteriores trasladaron la cocina del sótano a un anexo levantado en la primera planta.

La que fuera finca del alcalde Francisco Alberola se encuentra hoy totalmente abandonada y ha sido saqueada en reiteradas ocasiones, algo que ha ido denunciando la prensa en repetidos artículos. En los últimos tiempos el expolio ha alcanzado sus cotas máximas y día a día van desapareciendo varios de sus elementos característicos.

Lo que queda de la escalinata de acceso

El porche en el año 2009. Poco antes del derribo y robo

Su espectacular escalinata de acceso realizada con sillería de grandes proporciones ha sido expoliada y apenas se observan algunos trozos de peldaños desperdigados por la rampa. Los dos porches metálicos que forman las terrazas del primer piso han sido derribados y sus columnas metálicas de forja han sido robadas. El saqueo ha llegado hasta los elementos del jardín, la pajarera metálica ha desaparecido por completo. Su interior tampoco se salva. Ha desaparecido todo el mobiliario y se han llevado pieza por pieza el mármol de los suelos.

La pajarera en el año 2003
La pajarera a día de hoy

Se trata cómo no, de otro de los históricos palacetes de la Huerta de Alicante que no ha sido incluida en el Catálogo de Edificaciones Protegidas pese a ser uno de los edificios incluidos por Santiago Varela en su libro “Arquitectura Residencial de la Huerta de Alicante”.

Si el Ayuntamiento no protege El Pino y el resto de palacetes de la Huerta llegará un día en que no nos quedará nada que legar a nuestros hijos. Desde Alicante Vivo pedimos la inclusión de esta finca en el Catálogo de Edificaciones Protegidas por su evidente valor histórico y arquitectónico, símbolo además de una época de esplendor de nuestra Huerta.

El Pino en el año 2002 cuando aún tenía caseros

El Pino a día de hoy. Se observa el
porche derribado y expoliado
Estado de la escalera en el año 2005
Trozos del pavimento de mármol
y restos del mobiliario. 2005
Interior de la cocina anexa al
edificio original. Año 2005

ALFREDO CAMPELLO

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Levante-EMV, 9/11/2011:

El catálogo preserva la rica arquitectura de la época de la pasa, pero llega tarde para la Casa del Torroner y sus dos riuraus, demolidos en 2005.

A. PADILLA XÀBIA 
El catálogo que protege la arquitectura más singular de Xàbia ha tardado lo suyo en ver la luz. El pleno de Xàbia lo aprobó provisionalmente el 28 de abril de 2005. El expediente iniciaba un largo camino. El pasado viernes se publicaba en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) de Alicante el acuerdo de la Dirección Territorial de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente que da luz verde, tras casi seis años de trámites, a un inventario que preserva edificios tan emblemáticos como la Casa de la Sultana, la Casa de Tena, la Casa de Escrivá o Hemeroscopea y la Casa de Català. Estos edificios se levantaron en el siglo XIX, en la época de esplendor del comercio de la pasa.
Cuando se inició el catálogo y se suspendieron licencias de obra, la amenaza de la piqueta era más que real. Se había presentado un proyecto para demoler la finca Consuelo, en la Caleta del Port, que, construida a principios del siglo XX, fue uno de los primeros chalés de Xàbia. Ese edificio se salvó, pero para otros ya era tarde. Poco antes, los propietarios de la Casa del Torroner, en la partida de Rafals, ya la habían demolido junto a sus dos riuraus -uno de ellos, con tejado a dos aguas, era una auténtica joya de la arquitectura agrícola tradicional. La alegación para que la Casa del Torroner se sacara del inventario se aceptó porque no quedaba ni una piedra en pie. Ya no había nada que proteger.
El primer bosquejo del catálogo nació cojo. Preservaba las casas burguesas del Raval de la Mar, pero no sus patios. Un propietario alegó para que esos patios, que dan nombre al Carrer Portelles y que arquitectónicamente están íntimamente unidos a las casas, también se conservaran. La alegación se tuvo en cuenta.
La figura de protección que se da a las casas históricas de Xàbia es asimilable a la de Bien de Relevancia Local. El catálogo también incluye construcciones agrícolas tradicionales como riuraus y sènies.

http://www.levante-emv.com/comarcas/2011/11/09/xabia-protege-6-anos-tramites-casas-historicas/855214.html

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Publicat per Asociación Cultural Alicante Vivo:

Emulando a Gardel y su famoso “sentir que es un soplo la vida y que 20 años no es nada”, creo justo y necesario felicitar a nuestro querido Mercado Central de Abastos por su inminente y nonagenario cumpleaños. Fue un 23 de Noviembre de 1921 cuando abría sus puertas por primera vez, aún nuevo e inconcluso, y aunque son muchos los alicantinos que comentan con elevadas dosis de añoranza aquello de “parece que fue ayer cuando se inauguró “la plaza”, lo cierto es que aquel edificio proyectado por el ingeniero Próspero Lafarga, y finiquitado por el genial arquitecto municipal Juan Vidal Ramos, ya pinta canas. No en vano, son nueve décadas (día más o día menos) las que han pasado desde aquella trascendental fecha.

Y sí… 90 años no son nada. Pero dan para mucho. Atrás quedaba el “Mercado Viejo”, construído en 1841 y ubicado en la Plaza de la Puerta del Mar. Fue el primero “de los que tuvo Alicante organizado y controlado por la autoridad municipal”, sito en nuestra actual y emblemática Casa Carbonell. Enrique Romeu Palazuelos, en su libro “Recordar Alicante”, nos contaba la legión de personajes curiosos y variopintos que circulaban por allí, como “los vendedores de gallinas vivas, con sus jaulas de tela de alambre, por donde Rosa la viuda preparaba sabrosos manjares: las ristras de embutidos, los blanquets, las morsilletes de seva, la longaniza, la butifarra catalana (…) Las cabras con sus campanillas y la lechera que las ordeñaba a la vista del cliente, llenando de leche tibia la medida de hojalata (…) Los pitos de los afiladores, con su escala musical inconfundible, el olor de las hierbas para las tisanas, que traían el aroma del campo lejano, “rabo de gato”, manzanilla, poleo, “quebrantahuesos” (cantueso)…”

Aquellos primeros puestos quedaron pronto pequeños, oscuros e insalubres, por lo que se decidió trasladarlos al Paseo de la Reina -hoy Rambla de Méndez Núñez-, ante las protestas de vecinos, vendedores y usuarios. Fue en pluma del periodista Fernando Gil Sánchez cuando supimos que el Alcalde D. Federico Soto Mollá ordenó ese cambio de ubicación, cansado de “ver la negra mole del antiestético mercado”, y al son de “lo colocaré en el sitio dónde más moleste a la población, y será el medio seguro de que pronto se construya uno nuevo”.

Alea jacta est. “Fumad papel Egipto”, rezaba la entrada al flamante –y emigrado- Mercado de Abastos del Paseo de la Reina, un curioso zoco al aire libre, “con su escalinata y pilastras con farolas y verjas de hierro”. La tradición de la terreta seguía activa, con sus “marchantes de aceitunas y variantes, pepinillos, cebollitas, aceitunas gordales y olivetes del cuquell, negras y pequeñas, aderezadas en salmuera con ruedas de limón y hojas de laurel”, pero ahora era más incómoda para los alicantinos, más sucia y con peores olores.

Fue por eso -o gracias a eso- que, tal y como había aventurado el señor Soto Mollá, las autoridades decidieron buscar de nuevo emplazamiento, más amplio, más cómodo y más moderno… que acabaría siendo, menos mal, el definitivo. Se eligió para ello una zona anexa a la Avenida de Alfonso El Sabio, la “pomposamente llamada Plaza de Balmes, que no era ni más ni menos que un verdadero descampado, resultante de la desaparición del antiguo Teatro Circo”. Corría el 9 de agosto de 1915. Más de siete años de trabajo y muchos alcaldes hicieron falta para terminar la obra; fueron tiempos complicados en lo económico y político, durante los cuales pasaron por el trono de la ciudad ediles que en algún caso duraban menos en su puesto que un caramelo en la puerta de un colegio.

La construcción del nuevo Mercado Central Abastos transcurrió con cierta normalidad, gracias en gran medida a un ilustre abogado del que hemos hablado de forma recurrente en las últimas semanas: José Guardiola Ortiz, recientemente trasladado al “Jardí del Silenci”. El señor Guardiola era Presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Alicante (actual CAM…, no se asusten, por favor), y facilitó “el apoyo económico a través de un préstamo hipotecario que totalizó 900.000 pesetas sobre garantía del edificio y con un plazo de amortización de doce años”.
Más tarde llegaría la inauguración oficial, el 12 de Noviembre de 1922, un año después de abrir sus puertas al gran público por aquello de “hacerlo coincidir en elecciones municipales”. ¿Les suena a ustedes de algo? Banda de música incluída, sería el arquitecto Vidal Ramos y el abogado Guardiola Ortiz quienes hablaran de todo el proyecto de construcción en loor de multitudes, mientras el hijo del malogrado D. José Canalejas Méndez bautizaba el recinto con una corona de flores.

Lo cierto es que el Mercado Central, hoy febril punto de actividad y lugar de referencia social y económico de nuestra ciudad, es un vecino más de Alicante. Quizá tan querido -o más- como aquel primer e inolvidable “Mercado Viejo”. Ojalá cumpla 90 años más, por supuesto… y que todos nosotros lo veamos. Es lo mínimo que se desea a aquello que forma parte de nuestra propia vida.

¡¡FELICIDADES!!

JUAN JOSÉ AMORES

http://www.alicantevivo.org/

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Publicat en “Las Provincias”, diumenge 2 d’octubre de 2011:

PABLO SALAZAR.Con toda seguridad, la nueva plaza Redonda, la que surgirá cuando finalice la reforma en marcha, será mejor que la actual. Será un espacio más diáfano, más limpio, no olerá tan mal, habrá más luz, los vendedores tendrán más comodidades, estará todo más ordenado. ¡Alto! Paren máquinas: más ordenado. Esa es la clave, la obsesión de nuestros dirigentes y de algunos/muchos de nuestros arquitectos e ingenieros por tenerlo todo ordenado, medido, calculado, milimetrado. Vayan al paseo marítimo de Valencia (en realidad, a cualquier paseo marítimo) y observen el paraíso del orden, de la línea recta, de las palmeritas alineadas, de cientos de farolas en serie, papeleras y bancos para sentarse también en serie, los restaurantes de hormigón simétricos, todos iguales, diseñados en un despacho de la demarcación de Costas, tal vez en Madrid, sin ninguna relación con su entorno, dejados caer, extraños, raros, ajenos.
La plaza Redonda necesitaba una limpieza, eso es evidente, pero dudo mucho que la nueva plaza Redonda, aún siendo funcionalmente mejor, me guste más. También es verdad que yo tengo fama de rarito y que encima transito por una edad en la que lo vivido ya es más de lo que me falta por vivir. Así que los recuerdos empiezan a acumularse y aparecen multitud de espacios de la infancia y de la juventud que ya no existen o que se han transformado, y no siempre para bien. A mis 48 años puedo decir que en Valencia he asistido a representaciones en teatros que ya fueron derribados, he visto películas en cines que ahora son gimnasios o tiendas de ropa, he visto carreras de galgos en canódromos que pasaron a mejor vida, he comprado en comercios y comido en restaurantes y cafeterías que ya hace años bajaron la persiana, he estudiado (es un decir) en una Facultad de Derecho que ya no es Facultad de Derecho, he viajado en tranvías y trolebuses que en la noche de los tiempos fueron convertidos en chatarra… Mejor no sigo. Con decirles que nací en una clínica que años después pasó a ser sede de una Conselleria, y viví en una finca -en la esquina de Barcas con la plaza del Ayuntamiento- que entonces era de viviendas y ahora es de oficinas.
Sí, es verdad, tal vez sea nostalgia. Nadie discute que las ciudades cambian, que tienen que evolucionar, transformarse y modernizarse. Ahí, además, radica parte de su propia vida y de sus posibilidades de supervivencia, en el negocio que todo ello mueve. Yo puedo recordar con cariño el trenet al Grao y aquella alquería escondida cerca de la parada de La Cadena en la que un día, paseando con María José, descubrí que la dueña, Amparito, cocinaba paellas por encargo. Una delicia en mitad de una huerta que también se fue. Pero tengo que reconocer que el tranvía que lo sustituyó ha sido un avance, que aquel viejo tren no podía seguir atravesando barrios como Benimaclet o Benicalap, dejando tras de sí una huella de atropellos mortales. Puedo añorar el mercado de Colón cuando era mercado y no lo que es ahora y cuando podías comprar tomates de verdad que te ofrecía una vendedora que me llamaba ‘bonico’ -igual era familia de Jaime Ortí…- y a mi madre ‘señora’. Pero los nuevos tiempos, siempre los nuevos tiempos, acabaron con aquel mercado, que se vio superado por los supermercados y por los hipermercados y que no supo ganarse un hueco entre la clientela como el Central, Ruzafa o el Cabanyal.
No, no vale la pena ponerse sentimental, no tiene sentido añorar los espacios de la infancia, aquellas vías del desaparecido ferrocarril a Aragón por donde discurría un circuito de carreras que hacíamos en el colegio de El Pilar y que hoy son las fincas modernas del barrio de les Alqueríes. La ciudad no entiende de sentimientos, el desarrollo urbano no puede pararse por los recuerdos de sus ciudadanos, pero el caso es que sé que voy a echar de menos aquella plaza Redonda con sus puestos de toda la vida, de uralita o aluminio, que ya sé que no eran los originales, pero que son los que yo he conocido desde siempre, cutres, feos, cero diseño, envueltos por el género que ofrecían, atrapados por una atmósfera dudosa, por una mezcla de olores y colores, pero mediterráneos y vitalistas, muy nuestros, cuando nosotros éramos nosotros, antes de querer ser los otros. Ahora que se acaba la Global Champions Tour, que ya no tenemos Copa América y que quizás algún día nos quedemos sin Fórmula 1, siempre nos quedará la paella, la naranja y la horchata. La lástima es que habremos perdido la plaza Redonda.
http://www.lasprovincias.es/v/20111002/opinion/adios-plaza-redonda-20111002.html

http://conocevalenciapaseando.blogspot.com/2011/10/la-plaza-redonda-como-principios-del-xx.htm

http://www.lasprovincias.es/v/20110930/valencia/plaza-redonda-nunca-vista-20110930.html
http://www.lasprovincias.es/v/20110923/valencia/derribos-devuelven-plaza-redonda-20110923.html

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Levante-EMV, domingo 4 de septiembre de 2011:

La memoria colectiva de los valencianos recuerda la plaza Redonda como un enclave oscuro y abigarrado, donde durante años se juntaban todos los domingos tiendas de animales, mercerías y bares. El proyecto de rehabilitación, cuya segunda fase empieza mañana, cambia todo eso y abre la emblemática plaza al sol.

Á. SERRANO, VALENCIA No resulta difícil imaginar a Vicente Blasco Ibáñez paseando por la plaza Redonda cualquier día de principios del pasado siglo XX. La emblemática plaza, centro geográfico de laValencia del siglo XIX, ya era un centro comercial y social de la época. En 1916 vieron la luz los puestos que hoy comenzarán a desaparecer de la ubicación que han ocupado durante casi cien años. La segunda fase del proyecto de rehabilitación de la plaza Redonda, que comenzó en 2008 con una extensa primera fase que ocupó dos años, se alargará hasta junio de 2012, cuando la plaza se abra al sol tal como diseñó el estudio de arquitectos Veges Tu Mediterrànea, coordinado por Tito Llopis.

Esta fase tiene un presupuesto de más de dos millones y medio de euros, lo que sumado a los 2,2 millones de la primera fase da un total de 4,8 millones de euros. Casi cinco millones, unos 800 millones de las antiguas pesetas, de esas que durante un siglo estuvieron protagonizando las compras de pavos en Navidad, de periquitos en domingo o de madejas de hilo cualquier día de la semana, por nombrar sólo tres de los tipos de comercios que, desde que en 1916 se construyeron los puestos provisionales, han dado vida a la plaza Redonda.

Lo que pocos saben, de hecho, es que la plaza, localizada donde anteriormente había un matadero y proyectada como anexo inseparable del Mercat Central, es el centro geográfico exacto de la Valencia del siglo XIX. Su arquitecto, Salvador Escrig, proyectó en 1837 el cubrimiento de las cuatro calles que conforman hoy día las entradas a la plaza hasta una determinada profundidad para cerrar un círculo y construir una fachada uniforme pero sencilla. La plaza Redonda se convirtió entonces en un importante nodo comercial al que las clases populares acudían a hacer las compras, aspecto potenciado a principios del siglo XX con la construcción de los puestos.

Habría de pasar casi 100 años hasta que se decidiera acometer alguna reformar en el proyecto de Escrig. Cuando el aspecto heterogéneo y compacto de la plaza ya formaba parte de la memoria colectiva del Cap i Casal, el Ayuntamiento de Valencia sacó a licitación el proyecto de reforma de la plaza Redonda. La caída de una cornisa en diciembre de 2007 aceleró los trámites y a principios de 2008 comenzó la primera fase de la reforma, que consistió en la rehabilitación de las fachadas. Esta fase terminó en 2010, y mañana comienza la segunda. Se trata de la más profunda, la que cambiará de manera radical la apariencia de una plaza que se abrirá al sol y se mostrará quizá más diáfana que en sus orígenes, cuando a mediados del siglo XIX tenía una de las pocas fuentes de agua potable de la ciudad y el olor a chocolate y horchata se mezclaba con el de las aves de corral que se vendía en ella -la compraventa de animales en el enclave se prohibió en 2005-.

La segunda fase mantendrá el número de puestos, 48, pero demolerá las actuales paradas para construir seis completamente nuevas. Los vendedores ya llevan una semana en Lope de Vega, y tienen por delante siete meses en los que estarán fuera de la emblemática plaza, Fallas incluidas. Cambiará la cubierta, cambiará el suelo, cambiará la fuente y cambiará la idea general de la plaza, que los arquitectos insisten en que nunca ha sido la de dar cobijo a un mercado abigarrado.

Salvem la plaça Redona

Pero como nunca llueve a gusto de todos, y menos en Valencia, y menos cuando se habla del patrimonio municipal, no ha tardado en aparecer una nueva plataforma, Salvem la plaça Redona. Alentada por las redes sociales -su grupo en Facebook ya tiene 700 miembros-, creen que el nuevo proyecto “no ha sido respetuoso con el estilo original de la plaza: se destruyen los elementos anteriores de gran valor cultural y artístico, así como el ambiente y la silueta paisajística, sin restaurarlos, y se incluyen elementos nuevos de estilo moderno que rompen completamente el estilo y que no aportan nada”, según fuentes de Salvem, que proponen “la conservación de puestos, marquesina y fuente restaurándolos”.
Sea como sea, quedan siete meses para que la nueva plaza Redonda vea la luz… más que nunca.

Imagen proyectada de la plaza Redonda, tal como quedará después de esta segunda fase de las obras.

Imagen proyectada de la plaza Redonda, tal como quedará después de esta segunda fase de las obras.  Levante-EMV

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